
SOBRE LA ESCLAVITUD HUMANA
A la impotencia humana de moderar y reprimir los afectos le llamo esclavitud; pues el hombre que está sometido a los afectos, no se pertenece a sí mismo, sino a la fortuna, de cuya potestad depende de tal suerte que muy a menudo, aun viendo lo que le es mejor, se ve forzado a seguir lo peor. En esta parte me he propuesto demostrar cuál es la causa de esto y qué tienen, además, de bueno o de malo los afectos.
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