Vivimos un momento complejo como humanidad, una etapa dominada por intereses económicos y de control, en unos niveles inimaginables. El deseo de lucro material se ha convertido en una avasallante prioridad de tal magnitud, que la reencarnación de las almas pareciera tornarse casi que obligatoria e imperante, descartando por completo el verdadero objetivo: liberarse. Olvidamos que luego de trascender estos planos la materialidad no existe, no sirve, solo queda la experiencia vivida al respecto, es decir, el aprendizaje, sin apegos.
Sabemos que las actividades comerciales existen desde los albores de la humanidad, cuando el intercambio material constituía el sustento más básico del cuerpo y sus necesidades. Asimismo, y en resumen, luego vino la era de las grandes ciudades, en las que se recurrió a lo que más tarde se llamó la publicidad, que tomaba en cuenta estudios en el ámbito psicológico, de acuerdo al comportamiento humano en masa, para lograr los objetivos de venta y consumo.
En la actualidad, ya no solo se usan las formas de comercio tradicionales aunadas a la psicología, sino que se utilizan conocimientos de neurociencia y neurofisiología en conjunto a las modernas tecnologías que se alimentan de información humana para crear las hoy llamadas inteligencias artificiales, que solo buscan captar la atención, recopilar datos, dominar toda acción humana y obtener un control absoluto sobre una masa globalizada y dormida.
La psiquiatra Marian Rojas Estapé explica claramente lo que sucede en el cerebro al interactuar con las nuevas plataformas digitales, cuando activan los mecanismos de producción de dopamina en exceso:
“Ahí reside la base de las drogas: en el cerebro se activan mecanismos para pedirnos un consumo seguido y prolongado de esas sustancias. La mayor parte de estos productos o bien están prohibidos o bien están regulados. No nos estamos dando cuenta de que los niños desde edades tempranas están siendo expuestos a todo este mundo digital —sin restricción— y con grandes posibilidades de alterar profundamente sus mentes, su procesamiento de la información y su capacidad de gestionar las frustraciones y las emociones.
La dopamina es la hormona encargada del placer. Actúa en el instante en el que se interactúa con el objeto de placer —sexo, alcohol, drogas o redes sociales— y en los instantes previos —muchas veces se anticipa al placer y es un activador de la motivación —. En ocasiones, genera un vacío posterior, provocando una necesidad de volver a consumir ese producto al poco tiempo. Una persona adicta a la cocaína, al sexo o a las redes tiene una afectación profunda en su capacidad de atención, tiene alterada su voluntad —regulada por el autocontrol— y, a la larga, llega a percibir sentimientos de tristeza y de vacío profundos. ¿Qué reconoció el cofundador de Facebook en el evento de Filadelfia? Sus palabras fueron: —Cuando la gente recibe un like, recibe ese pequeño golpe de dopamina que les motiva a subir más contenido. —”
Todo esto crea una especie de adicción que obliga, de forma inconsciente, a dar más y más información a la IA, y ante esta situación, la ciencia ha tenido un papel fundamental. Nuestra vida actual está inevitablemente determinada por este “avance”, más aún desde que se empezaron a describir los procesos de pensamiento humano con la manipulación mecánica de símbolos, creando la era computacional, bajo el peligroso anhelo de crear un cerebro electrónico artificial. No sabíamos, absortos en el supuesto dominio del conocimiento, que estábamos suplantándonos y entregando en bandeja de plata nuestras capacidades, por demás humanas, a quienes subrepticiamente e históricamente nos han envidiado, estudiado, malamente copiado y devastado en muchísimos proyectos de luz.
En la actualidad, se celebran logros y avances que solo resultan en un adormilamiento mayor. Si solo utilizábamos el 10% de la capacidad cerebral, como la punta de ese iceberg que representa lo consciente sobre lo inconsciente, hoy día, el deshielo de la inconsciencia y el efecto invernadero también derritió la poca capacidad utilizada por estos portentos que son la mente y el cuerpo humanos, desperdiciados en los placeres sensuales y las superficialidades de esta materialidad.
Ahora bien, por otro lado no puede dejar de nombrarse el legado que los seres humanos hemos recibido como regalo de la Conciencia Cósmica: el Kriya. Este conocimiento, heredado de Los Vedas, ha sido desdeñado por la mayor parte del colectivo humano, más que todo por ignorancia. Los Vedas son un campo de sabiduría que abarca disciplinas en los ámbitos filosófico, literario y científico, así como hace hincapié en el lenguaje, el álgebra, la ética, la astronomía, la meditación, el karma y los ciclos de nacimiento y muerte. También contempla el estudio de valores como la compasión, la generosidad, el autocontrol y la buena conducta.
Vedangas, Darshanas, Sutras, Upavedas, Dharmashastras y Ashtadhyayi también reflejan una conciencia ecológica en el que el cuido y preservación del medioambiente es necesario para la convivencia y bienestar de todos los seres vivos que habitan este planeta.
El Kriya, más específicamente, conecta la respiración y la captación de prana con el control mental y la regulación del sistema nervioso, por consiguiente, otorga armonía en los pensamientos, las emociones y, como consecuencia, en el comportamiento.
Controlar gentilmente el prana, la energía que sustenta la vida, crea el puente entre el cuerpo físico y los estados superiores de consciencia, sin necesidad de intervención artificial, y mucho menos externa. Los sistemas yóguicos ofrecen un método estructurado que regula y canaliza la energía vital, otorgando crecimiento espiritual, claridad mental y bienestar fisiológico. Pero para lograrlo se necesita de una conciencia activa y ávida de comprensión, que pueda valorar lo que el trabajo con la respiración consciente genera en la neuroplasticidad, la neurofisiología, la bioenergética y la regulación del sistema nervioso autónomo.
Fuente:
https://www.multiarticlesjournal.com/uploads/articles/IJCRM2025428.pdf
https://ens9002-infd.mendoza.edu.ar/sitio/wp-content/uploads/2022/09/Rojas_Estape_Marian_Como_Hacer_Que_Te_Pa.pdf
https://elpais.com/ciencia/2026-10-05/premio-nobel-de-medicina.html






Todo lo que nos ofrecen en este número especial produce una expansión de luz y sonido en mí, provocando una y otra vez la justa necesidad de expresar gratitud.