Catherine Labouré, religiosa y vidente francesa, creadora de la Medalla Milagrosa, nació el 2 de mayo de 1806 en Fain-lès-Moutiers, Côte-d’Or, novena de once hijos de un granjero. A los 9 años perdió a su mamá y llorando ante la figura de la Virgen María, le dijo: “Ahora, querida Santísima Madre, serás mi madre”.
A los 12 años asume las numerosas y arduas labores del hogar y la granja, forjando el carácter y dominando el cansancio. Aprende a leer y escribir, diariamente ora y asiste a misa y, en la adolescencia, sueña con un anciano que la invira a seguirle. Trabajó en el restaurant popular de su tío en parís y conoció la vida miserable de tanta gente. Decidió servir a los pobres e ingresó al seminario de las Hijas de la Caridad en abril de 1830. Entrando en el convento vio una imagen del anciano del sueño: era San Vicente de Paúl.
En julio de ese mismo año tuvo la primera visión de la Virgen en la capilla, recibió consejos para su vida espiritual y el anuncio de que Dios le confiaría una misión. En noviembre vio a la Virgen en un marco oval con la inscripción: «Oh María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que acudimos a ti»; la imagen rotó y al interior del óvalo observó 12 estrellas, una M con la cruz superpuesta y las siluetas del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María. Las medallas debían ser impresas.
Sor Catherine le relató sus visiones únicamente a su confesor, éste la observó durante dos años y luego se aprobó la impresión de las medallas, la cuales se hicieron rápidamente populares por las gracias concedidas.
Santa Catherine sirvió amorosa, silenciosa y humildemente durante 45 años en el convento, a enfermos y a ancianos. Falleció el 31 de diciembre de 1876 y su cuerpo incorrupto yace en la capilla de las apariciones.





