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Consciencia

HUMANO Y ANIMAL, UNA CADENA CÓSMICA

Margit Flores | SKY Venezuela · 19 de noviembre de 2020 · 5 min de lectura

HUMANO Y ANIMAL, UNA CADENA CÓSMICA

Desde tiempos inmemoriales, la figura del animal ha sido ungida de una sacralidad particular, colocada dentro de un juego de contrastes entre lo luminoso y lo oscuro, de acuerdo con las características y funciones dentro de esta naturaleza circundante. En esos remotos tiempos, el ser humano estaba tan imbricado en su ecosistema, que era habitual entender cada elemento, incluyendo animales y plantas.

Escritos antiguos, que hoy pueden considerarse fantasiosos, son muestra de lo que antaño era mirado como parte natural de la conciencia humana y su entorno. Los animales aparecen antropomorfizados, es decir, con rasgos humanos y portando ciertas cualidades que podríamos relacionar con fuerzas propias de la conciencia colectiva. Asimismo, se presentan como conductores de poderes sobrenaturales o mensajeros divinos.

En las culturas originarias los animales, árboles, piedras y montañas, indudablemente, poseían alma y cuando se requería de sus atributos para la supervivencia, se realizaba un intercambio consciente en el que ambas partes se servían una de la otra, lo que significaba que hombre y naturaleza se beneficiaban mutuamente.

El español Pablo Herreros, quien fue un sociólogo, antropólogo y primatólogo, menciona a Aaron Gross (historiador estadounidense, dedicado al estudio de los animales y las religiones) en uno de sus artículos y nos dice que, aún en la actualidad, existen grupos humanos en los que “domina la bondad y admiración por los animales”.[1] Nombra varios grupos y sociedades, y entre ellos alude a los nayaka, quienes “entran al bosque como si fuera su madre o padre porque les provee de alimento, como ellos hacen con sus hijos”. La selva es su progenitora y ellos están a su cuidado como niños.[2]

En civilizaciones como la griega y la egipcia, los animales eran tratados también con cierto privilegio. En la Antigua Grecia, Pitágoras fue uno de los precursores de esta visión inclusiva, y consideraba que humanos y animales estaban “equipados con el mismo tipo de alma” y podían reencarnar los unos en los otros. Filósofos y poetas como Ovidio, Virgilio y Plutarco hacían menciones en sus obras, llegando a desaconsejar su sacrificio para la comida. Muchos incluso practicaban el vegetarianismo.[3] En el imperio de Bizancio, hubo también gobernantes como Justiniano que “defendían un derecho natural común a cada ser vivo y no exclusivamente al humano”.[4]

HUMANO Y ANIMAL, UNA CADENA CÓSMICA

En general, lo que conocemos como cultura primigenia (incluyendo lo que serían los albores de América) muestra una relación de equidad entre humanos y naturaleza. De forma contraria, hoy por hoy, la mayoría de los hombres sostiene una forma de vinculación jerárquica con la especie animal, en la que se hace, se cree y se proclama superior.

Si bien es cierto, la Antigua Grecia fue cuna de tantos eruditos que defendían el derecho animal, y hoy por hoy, quizás como ironía de la historia humana, el actual parlamento griego aprobó, recientemente, por unanimidad, la modificación del maltrato animal, de delito simple a crimen con pena de hasta 10 años de prisión, multa entre 5 mil y 15 mil euros y prisión mínima de un año.[5] Para los legisladores griegos, el concepto de maltrato no solo contempla el envenenar animales, sino también el ahorcamiento, la quema o mutilación, dado que la perversidad humana no ha tenido límites, por lo que se espera que este tipo de acciones pongan un freno a barbaries como estas.

Es sabido que Reino Unido es pionero en legislar en contra del maltrato animal, así como Estados Unidos en su legislación local. Suiza permite a los animales contar con un abogado propio, dispuesto por el Estado, y asimismo posee penas de hasta 3 años. Es un creciente movimiento de justicia que busca abolir la explotación animal generalizada y, además, institucionalizada.

De extenderse el ejemplo dado por Grecia, habría muchos aspectos a considerar, en distintas regiones del planeta. Habría que tomar en cuenta y estudiar también costumbres atávicas que aún sostienen el sacrificio ritual animal y que se practican desde hace mucho tiempo atrás. Esto podría no estar justificado, de acuerdo al nivel de conciencia que se exige para estos tiempos, acciones que igualmente pueden ser cuestionadas desde esa visión horizontal del ser humano-naturaleza.

Con todo el respeto que puedan exigir los países que llevan a cabo ciertas costumbres ancestrales, es cierto que ver la caza de delfines en la zona de Taiji, en Japón, impacta; es desgarrador observar la caza de ballenas en las Islas Feroe, en Dinamarca. Y lo que podría indignar más es saber del uso de animales en cautiverio para la caza ficticia, actividad que moviliza inmensas cantidades de dinero en ciertos grupos elitistas. De igual manera, es muy bien conocida la matanza de animales para actividades rituales y energéticas que aún hoy día se popularizan.

El psicólogo y analista junguiano, el estadounidense James Hillman, dejó asentado en sus escritos esta problemática y la llevó más allá de las leyes humanas. En su conocido ensayo Cultura y alma animal se cuestionaba cuál es la significancia cósmica de lo que entendemos exclusivamente como opresión. Se preguntaba:

¿Qué en la imaginación cósmica le permite al alma animal, en tantos sistemas de pensamiento morales e intelectuales, ser considerada como inferior? ¿En qué consiste esta disposición del animal a participar en la domesticación, a ser criado, cazado, y atrapado, a ser sujeto de experimentación, a ser bestia de carga, a renunciar a sus despliegues estéticos—pieles y cuernos, plumas y conchas—a tener tan buen sabor y ser tan nutritivo, y—sobre todo—a tomar parte con su sacrificio en rituales que sirven a los Dioses?[6]

Hillman, afirma que los animales- puesto que son divinidades- no son, ni pueden ser, oprimidos. Pero, ¿a qué podríamos denominar opresión? Y, como se dijo, Hillman profundiza más, contrastando opresión y libertad, ubicando a ésta última más allá de una “lectura contemporánea sentimental”, colocando en ella su verdadera realidad: el servicio.

Y volvemos a lo acotado al inicio, la pérdida de aquello que nos hace conscientes del beneficio mutuo que debe operar en todos los engranajes de este sistema, incluyéndose la humanidad, los seres humanos como niños bajo el cuido de esta Madre Naturaleza y la compañía del hermano animal, el hermano Sol y la hermana Luna, como diría San Francisco de Asís, todo esto como parte de una totalidad que no está sujeta a los actos egoístas, sino que simplemente es un flujo de acción que busca siempre un balance. Evitando así que se rompa la cadena cósmica, como la llama Hillman, el hilo que nos entreteje dentro de un vasto sistema.

FUENTES CONSULTADAS
[1] https://www.elmundo.es/blogs/elmundo/yomono/2017/01/14/tribus-y-animales-se-tratan-de-igual-a.html
2 Ibíd.
3 https://www.researchgate.net/publication/267451237_LOS_ANIMALES_EN_LA_HISTORIA_Y_EN_LA_CULTURA
4 Ibíd.
5 https://www.mediotiempo.com/otros-mundos/grecia-castigara-maltrato-animal-diez-anos-carcel6http://www.malintzin.org/attachments/029_Hillman%20-%20Cultura%20y%20el%20alma%20animal.pdf

4 comentarios

  • Victoria S

    19 de noviembre de 2020

    Me encanto ❤️

  • Vannia Michelle

    20 de noviembre de 2020

    Precioso!

  • CELIA+NOEMI+VAZQUEZ

    21 de noviembre de 2020

    EXCELENTE GRACIAS

  • Carmen Delia

    22 de noviembre de 2020

    ????????

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