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Espiritualidad

LAS CAMPANAS AL AMANECER

upaninews · 3 de abril de 2020 · 3 min de lectura

LAS CAMPANAS AL AMANECER

Antes de que el mítico sol de la India pinte de dorado el cielo y haga brillar a la Madre Ganga, ya se pueden escuchar en las callejuelas llenas de templos, las campanas que, activando aquel espacio etérico, se rocían con la vibración de aquellos que aspiran llamar a la Divinidad, invocando con palabras exactas su descenso hasta estos planos tan humanos, tan divinos.

La ciudad del Señor Shiva, Kashi, se ha activado durante milenios con las voces de sacerdotes que han preservado la tradición con rigurosidad y cuido. El aire impregnado de sándalo, en medio de una danza de fuegos y devotas melodías, la gente se acerca y suma sus voces con la mirada fija en las aguas de su río… y respondiendo a este llamado, Ganga Mata cubre a la bendita ciudad de su amorosa frecuencia, que va por supuesto, mucho más allá de lo que las aguas grises puedan mostrar para los menos suspicaces.

¿Y de qué se trata esta coreografía de mantras, gestos y elementos? La respuesta es simple y contundente: el ritual. Esta fusión alquímica en donde la devoción expresada en cada palabra se transforma en luz. Genera fotones y repercute directamente sobre el campo electromagnético de la ciudad.

En medio de una humanidad racionalista, un evento de esta naturaleza puede ser visto como superstición o folklorismo, cuando el alcance de una ceremonia, bien ejecutada, sobrepasa cualquier entendimiento menor, aunque no siempre exista un método científico para cuantificar el efecto de un Arati o una puja. Aquellos que hemos decidido sujetarnos al Sanatan Dharma, sabemos sin lugar a dudas, que algo ocurre, todo ocurre y mucho más.

Existen también esfuerzos para hacer ver, en publicaciones científicas, al ritual como una terapia medicinal. Un producto susceptible en el mercado occidental que espera siempre tener un beneficio directo de una acción concreta. Pero, sabemos ya, y como se ha dicho reiteradamente en la Enseñanza de Shiva Kriya Yoga, que cualquier intento para que la mente comprenda lo intangible limitará y sesgará todo lo que realmente contiene y Es, disminuyendo su frecuencia hasta los planos mentales y racionales.

Pero en realidad, ninguna palabra ni estudio podría realmente expresar lo que se genera y se siente cada vez que uno se encuentra frente a un portento energético activo. Diría que es algo tan íntimo, tan profundo, que quizá sea el ADN el que de alguna manera reciba la energía que se genera y entrega en una ceremonia. Los cientos de Piedras consagradas a la Energía del Padre visten los laberintos de la ciudad antigua, y lo más impactante es que ninguno está olvidado, ninguno (o casi ninguno) ha perdido quien lo bañe diariamente con GangaJal.

Desde cada monasterio, Ahsram o incluso hogar, hay quien se dirige a las orillas de la Madre a recoger sus bendiciones en cántaros que gotean y purifican cada paso, hasta que haciendo una o varias paradas, le entregan a cada Lingam lo que el Yahur Veda dictó.

Muchos podrán ser los contrastes que envuelvan a la legendaria Varanasi, y ciertamente existe la oferta para todo público o para todo buscador. Y quienes se animaron ya a encontrar saben y sienten el resguardo propio de poner su mente a vibrar en la frecuencia de un mantra.

Y de igual manera como amaneció, el día llega a su ocaso, y una vez más las lámparas vuelven a arder, los cantos comienzan a escucharse y Pandits, niños y el ciudadano de a pie toma un descanso en sus quehaceres para dirigir su atención, una vez más, al ritual. La llave que abre y cierra cada día, la llave de la transformación, de la devoción, de la purificación. De aquella puerta que espera siempre dar la bienvenida a los corazones que sinceramente se ofrenden en ella.

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1 comentario

  • Marianella Durán

    22 de septiembre de 2024

    Un relato vibrante, contagioso, franco. Nunca me ha apetecido ir a India. Llevo un tiempo pensándolo. Ahora sí, después de ti. Sentir a Ma allí, allá…

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