LA UNIDAD, ETERNO PROPÓSITO – Especial N°7 ya disponible. Consigue tu copia aquí

Zona Poética

Lo fugaz de lo impreciso

Esta poetisa fue una reconocida dramaturga y ensayista venezolana. En su lirismo, o espacio verbal, participan no pocos encantos y desencantes de su propia vida. ¿Dónde está el poeta que no toma partida de sus humores y los convierte en arte? Energía libre, inherente…

24 de septiembre de 2026 · 2 min de lectura

Lo fugaz de lo impreciso

No hay medias tintas; la inteligencia poética no es un antojo del destino. Desde la intimidad, más allá de la percepción, más allá del oficio dramatúrgico, está la poesía en toda su magnificencia. Eso es, en estado puro, la caraqueña Elizabeth Schön (1921-2007). La experiencia de la oquedad en la que gravita, la sitúa en la infinitud. Una inmensa poeta como Ida Gramcko, llegó a decir de la autora de “El abuelo, la cesta y el mar”, lo siguiente: “Creo que ella ha aprendido sufriendo, transitando en el dolor, lo que significa esta vocación que no es solo de pluma, sino de vida, que no es solo de páginas, sino de existencia”. Sí, Elizabeth Schön siempre fue poeta, insistía Ida, aun cuando su vocación haya sido la palabra escrita, sin guaridas particulares. Dejamos tres piezas; la primera integrar el poemario “Mi aroma de lumbre” (1971) y las dos últimas, prosas poéticas de “Casi un país” (1972).

De la aguja del reloj estoy segura.
De ella viven los que se apegan
al círculo de lo preciso y a la hora
como al punto exacto de lo veraz.
Mas otra es la aguja que impulsa
la copa de lo retraído, reconcentrado
hacia la luz y la semilla naciente.
Y otra es la que se engarza al casco
a la rueda, al barro y hasta
a la fragancia de un aroma inesperado
Otra la que impele el anhelo
si ha encontrado la hogaza
del pálpito buscado.
Mas otra es la que atestiguo
en el mito y la leyenda
en Dios y el hombre.
Entre ellos estoy yo:
la palabra
para la lucha
el esplendor
lo pleno
lo cierto y el soporte.
Detrás de mí
junto a mí
la voz, en arenas que nunca cesan
de traspasar la contingencia de lo ondulante
lo fugaz de lo impreciso
el cimiento perenne para la cifra
la interrogante
la muerte y el amor


Junto a las escalinatas de El Calvario le digo a Juan: —No bajemos rápidamente los escalones. —Lucía, si quieres conocer esta ciudad debes darte prisa. Caracas es demasiado grande, y tanto que casi la confundo con un país. Descendemos apresuradamente. Como me siento alegre guardo silencio. Juan me ha dicho que cuando esté contenta no hable; es preferible callar, de esa manera la felicidad no concluye, al contrario, permanece intacta, semejante a ciertos regalos que se guardan para que no se maltraten o se rompan.


En un portón un niño juega con una perinola, su hilo ágilmente se dobla, se alarga, se curva, mientras el niño inmóvil no ríe, no habla, permanece alerta al hilo que se estira, se encoge, forma una circunferencia que la claridad traspasa y el viento no destroza.

Comentarios

Todavía no hay comentarios. Sé la primera persona en escribir.

Sigue leyendo