Durante las últimas décadas ha crecido la expectativa de vida en todo el planeta.
El aporte de la ciencia, la medicina y en algunos casos un mayor alcance a alimentación adecuada y mejor vivir, lograron un aumento en el promedio de vida de hombres y mujeres.
Pero como todos sabemos esto cambió radicalmente desde 2019, con la pandemia del Coronavirus, la cual ha afectado significativamente a personas de más de 65 años y los reales efectos de esto están en pleno desarrollo. Las generaciones de los nacidos anteriores a 1960 están directamente afectadas y mientras mayores son, la vulnerabilidad aumenta.
«Se han automatizado una serie de trámites
personales que obligan a los ciudadanos a estar
conectados y hacer uso del internet…»
Pero esto no es todo, muchas cosas de la vida diaria han cambiado desde 2019, se han automatizado una serie de trámites personales que obligan a los ciudadanos a estar conectados y hacer uso del internet para cada vez más procedimientos. Esto implica el manejo de dispositivos y con ello un problema más para aquellos que no se formaron con este tipo de aparataje a su alrededor.
Cada vez, incluso en los países más “avanzados” se hace imprescindible interactuar con máquinas computarizadas, tecnología en general en el día a día, como leer un menú con un código QR, y no en papel, hasta tener que hacer las compras del mercado por una aplicación. El trato con personas se restringe más y más. Con ello, después de haber ya abandonado los puestos de trabajo, de vivir apartados de los hijos ya grandes, los mayores se ven aislados, los hemos aislado.
«Lo impresionante es que los sentimientos,
el amor, hacen que, en el momento del encuentro,
el tiempo desaparezca y ocurre la magia…»
Después de 5 años, por fin vi en persona a mi madre, (85 años de edad), ha sido un tiempo infinito. Lo impresionante es que los sentimientos, el amor, hacen que, en el momento del encuentro, el tiempo desaparezca y ocurre la magia del aquí y el ahora. El regocijo y la experiencia del amor de la madre, se experimenta y no tiene par. Rompe las barreras del tiempo y el espacio y solo “es”.
Observando alrededor, no solo de mi casa, sino de la que fuera mi ciudad, Caracas, pude percatarme que la transición que viven los mayores, a este tiempo que se vio acelerado por los acontecimientos mencionados, no es armónica ni fácil.
Pienso en todas aquellas personas que han emigrado del país y que han dejado a sus familiares mayores, quienes deciden quedarse, o bien por no tener las fuerzas para empezar de nuevo o por cualquier otra razón. Pienso en el quiebre que produce la separación y todo lo que viene con este evento. También en la ausencia de asistencia natural, que los mayores ya no tienen de aquellos a quienes ayudaron y vieron crecer, que deberían estar en su entorno.
De igual forma y leyendo las noticias recientes, son innumerables los testimonios de residentes ucranianos mayores que, por la invasión que sufren, deciden quedarse. Es su respuesta ante semejante atentado. O también las experiencias de todos los desplazamientos que además de Venezuela, países enteros viven en los tiempos recientes.
Conversando con mi madre, me di cuenta que parte de la dificultad que tenía para hablar por teléfono (mientras estábamos en la distancia) estaba en el uso del dispositivo, y quise buscarle un aparato que fuera simple de operar, pero la oferta de modelos parece no tenerlos en cuenta.
Aunque para nosotros estas herramientas (celulares, tabletas, computadoras) esenciales hoy, forman parte de nuestra rutina desde que abrimos los ojos, son una piedra en el zapato para estas generaciones anteriores a 1960.
No son pocos los hechos que van desplazando a estos seres que nos formaron. Recuerdo entre noticias aisladas algunos diciendo a principios de la pandemia, que como el virus atacaba a los ancianos no exponía tanto la seguridad de las naciones, que estos ya no eran parte de los individuos productivos de la sociedad.
La disposición, con los sentidos atentos, puede ayudar a quienes tenemos cerca, la consideración, pero al mismo tiempo la obligación de no pasarlos desapercibidos.
Desde cualquier gesto y dedicación podemos alivianar la situación e ir incorporándolos a eso, que para nosotros ya es común. No solo desde enseñarles el uso de todos estos artilugios, también dándoles un poco de nuestro tiempo y amor.






En verdad me gusta su reflexión, las personas mayores no tienen acceso a la modernidad de internet, pero es por falta de instrucción y la mayor causa es el desatento con que los familiares cercanos de sangre, ya no se dan tiempo para pensar y menos para enseñar a la gente grande, que requiere que se le introduzca en las formas modernas de comunicarse. Será el paradigma del !olvido! Todos vamos para allá. y sin embargo parece que nadie se ocupa de la vejez. Muchas gracias.