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Consciencia

¡QUE LE CORTEN LA CABEZA!

¿Escribir sobre estatuas derribadas, racismo, esclavitud e intolerancia? Debo confesar que este asunto ha detonado algo en mí. Algo que, por alguna memoria aún no memorada, me ha motivado a asumirlo como…

Joaquín Buriani | SKY Uruguay · 9 de julio de 2020 · 3 min de lectura

¡QUE LE CORTEN LA CABEZA!

Sw. Nadananda | SKY Uruguay

¿Escribir sobre estatuas derribadas, racismo, esclavitud e intolerancia?

Debo confesar que este asunto ha detonado algo en mí. Algo que, por alguna memoria aún no memorada, me ha motivado a asumirlo como un proceso propio, no abordándolo así desde un lugar necesariamente universal. Alguna fibra, algún recuerdo se activó y aún me encuentro en la tarea de descifrar qué habita detrás de tal tensión.

Como consecuencia del asesinato de George Floyd, un ciudadano afroamericano, se han hecho visibles una serie de situaciones que ponen una vez más sobre la mesa el tema del racismo. Y es a partir de allí, que un grupo de activistas de la ciudad de Bristol, en Inglaterra, deciden derribar la estatua de Edward Colston, empresario del siglo XVII, quien, a partir del comercio de esclavos, generó una inmnesa fortuna.

Según la enseñanza recibida a través de Shakti Ma, sabemos que hemos experimentado, a lo largo de incontables vidas, varios procesos de la humanidad. Nuestras almas han asumido roles y tareas para así construir lo que hoy somos como colectivo.

Entonces, ¿cómo sentirme ajeno a todo esto? ¿Cómo hacer oído sordo a este estruendo que resuena y reververa en el espacio tiempo infinito, y que hoy vuelve a ser noticia? Sabemos que todos fuimos, en algun momento, esclavos y esclavistas; y por diferentes motivos, que solo Shiva sabe, decidimos experimentar miles de matices, entre los cuales también habita el dolor.

Y no me queda más que agradecer la posibilidad de abordar este tema, en principio para sanar mi memoria y mi sentir. Para darle luz y desbloquear así todo aquello que pueda haber quedado congelado en algún lugar de la conciencia, a razón de una remota existencia, esperando el momento en que un rayo de sol le permita recobrar la vida.

La caída de las estatuas

Vale cuestionarse entonces qué habita detrás de una estatua, especialmente de aquellas que relatan y retratan la historia de nuestras sombras. Porque, más alla de una simple obra de arte, pareciera ser la memoria hecha materia, el tiempo hecho piedra. Esculpido y moldeado según la vision de algún individuo, tal como lo ha sido la historia escrita, manipulada y condicionada a intereses que no necesariamente responden al plan evolutivo del Ser.

Cuando abruma la memoria, la negamos, nos negamos. Y cortamos la cabeza que ha ingeniado el dolor que no queremos recordar, principalmente porque estamos también proyectados allí, reprimiendo en silencio la rabia que emerge de lo que como humanidad hemos creado. Tal parece que no hemos sabido -o más bien, querido- comprender que todo esto no es más que la consecuencia de nuestra inconciencia, y nuestro temor expresado en resentimiento.

Y finalmente me pregunto, ¿resentidos por qué? ¿Qué es lo que no estamos viendo? ¿Qué es lo que está siendo eclipsado por la materia, por la estatua caída, por el grito de rabia? Inseguridad producto del miedo, del miedo más primitivo, de aquel de las cavernas de piedra. Piedra en las que nos refugiamos y que más tarde utilizamos para convertir en estatua tal temor. ¿Cuál temor? El único que existe, el temor del ego a la unificación, expresado en discriminación y, por ende, separación.

¿Seremos entonces capaces, de derribar la estatua interior, aquella piedra que nos hace tropezar y repetir la misma historia una y otra vez? La que almacena nuestra memoria de dolor y negación. ¿Seremos capaces de tener ese mismo ímpetu para cortar la cabeza de nuestro ego, y así unificarnos? Nos daría una guía identificar cuál es es el motor primario de la rabia que hoy proyetamos hacia afuera. ¿Discriminación? ¿Discriminación hacia qué parte de mí? ¿Rabia? ¿Rabia hacia qué parte de mí? ¿Negación? ¿Negación hacia qué parte de mí?

Porque en principio fuimos amor y, como bien sabemos, el amor es el impulso de unificación.

Y como dijo Shakti Ma: “Desde el amor nadie domina”.

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2 comentarios

  • Ana Skrainka

    10 de julio de 2020

    Lo mismo me pregunto , Jose Gregorio Hernandez no habra reencarnado ya??? O sera que sus devotos no se dan cuentan que tiene una chispa de Dios interna que se viste de otros personajes segun la urgencia de cada quien. Asi de humilde es Dios.

  • Veronica

    10 de julio de 2020

    Hemos sido engañados y condicionados culturalmente durante toda la historia de la humanidad, y el miedo ha sido la herramienta de control, si pensabas o sentías diferente solo te eliminaban, los sabios fueron perseguidos y a nadie se le permitió brillar, muchas fuerzas desatadas y pactos de algunos grupos a cambio de codicia y poder terrenal no han permitido dar el conocimiento, porque eso da poder y dominio sobre otros que solo siguen los pasos de otros sin ver otro camino, su propio camino, es cierto que todos construimos este inconsciente colectivo, pero si no hay conocimiento no hay conciencia, a veces creo que necesitamos mucho mas que un alma pura para lograr liberarnos de tanta maldad desatada en nuestro planeta. Hay que seguir intentando desde una mente compasiva y un corazón bondadoso.

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