Hay gemas que heredamos y gemas que fabricamos. El topacio azul pertenece, casi entero, al segundo grupo. Ese celeste de amanecer que ves en el escaparate no salió así de la roca, salió incoloro. El azul se lo dimos nosotros, dentro de un acelerador de partículas. Esta es la historia de una piedra antiquísima que estrena color hace apenas cincuenta años.
La división y plano exacto
Marca un 8 en la escala de Mohs, fluorosilicato de aluminio y con un sistema ortorrómbico, es la referencia oficial de este peldaño. Muy dura pero su fortaleza tiene una grieta, un golpe en el ángulo equivocado y se parte en dos en un forma perfecta, como si llevara esperando ese momento. El topacio azul natural existe, pero es rarísimo y pálido. Prácticamente todo el que se vende es topacio incoloro y el proceso para llevarlo a un color intenso deja huella, las piedras tratadas en reactor pasan una cuarentena de semanas o meses hasta que su radiactividad residual baja al límite, es seguro pero no natural.
Un detalle curioso es que el tallador tiene que localizar por dónde se va a romper la piedra antes de tocarla. Los brasileños lo llaman la mica. Se gira la piedra en bruto, se le coloca una luz cenital hasta que aparece un destello, es el reflejo de miles de microsuperficies de exfoliación, exactamente ese es el punto de ruptura de esa gema.
La isla y el diamante equivocado.
El escritor y militar romano, Plinio el Viejo, cuenta en su Naturalis Historia que el nombre viene de Topazos, isla del mar Rojo envuelta en nieblas que los marinos tenían que buscar, topazein. La piedra de aquella isla era peridoto y la confundían con topacio. El nombre se quedó pegado a la gema equivocada y ahí sigue, veinte siglos después.
El segundo malentendido de esta gema es que hacia 1797 apareció en Brasil un pedrusco de 1.680 quilates que viajó a Lisboa como el diamante más grande del mundo. Lo llamaron el Braganza. Juan VI lo llevaba al cuello, en bruto, agujereado. Desapareció tras su muerte sin haber sido analizado nunca, pero hoy casi todos los especialistas coinciden que era un Topacio.
Lo que el azul no hereda, cuidarla es esencial
El topacio azul no figura en el Navaratna (nuevas gemas) ni tiene planeta asignado en el Jyotish clásico. El que sí aparece es el amarillo. El topacio azul no está, y tiene lógica, porque la tradición no pudo asignarle lugar a un azul que no existió en cantidad hasta el siglo XX.
Nunca exponerla a ultrasonido, vapores, agua tibia o jabones. La razón es preciosa; la vibración del ultrasonido viaja por el plano de exfoliación y puede fracturarla, incluso una piedra sana y sin inclusiones. El vapor, agua tibia puede añadirle choques térmicos y los cambios bruscos de temperatura pueden romperla. Con el uso normal el azul irradiado no se destiñe con la luz del día.
Mensaje de la piedra
“Yo no nací con este color, me lo dieron. Y sigo siendo topacio, con la misma dureza y el mismo plano por donde me parto. Antes de pedirme claridad, pregúntate qué parte de lo tuyo es herencia y qué parte es trabajo. ¿Si sabrías distinguirlas? No te avergüences de lo que eres. Lo transformado también es verdadero”.
BIBLIOGRAFÍA
- Johari, Harish. El poder curativo de las gemas. Cap. 7
- Schumann, Walter. Gemstones of the World. (Sky, Swiss, London Blue).
3. Plinio el Viejo. Naturalis Historia, libro XXXVII. Etimología de la isla de Topazos.





