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Música Sana

Yom, respiración circular y experiencia de continuidad

La respiración nace, se extiende y luego se retrae para morir. Yom nos muestra con su trabajo, como la respiración circular se convierte en una técnica precisa entre su clarinete y cada interpretación, es una conexión de su búsqueda con el absoluto.

Santiago Vilá · 3 de septiembre de 2026 · 4 min de lecturaActualizado el 2 de septiembre de 2026

Yom, respiración circular y experiencia de continuidad

Escuchar el ininterrumpido soplo de Yom – virtuoso músico francés, cuyo nombre original es Guillaume Humery- a través de su clarinete parece ubicarnos en un espacio de tiempo eterno, en donde la respiración se ha unificado, y así mismo, la música recorre las melodías del infinito.

La respiración, ese acto que demarca nuestra realidad más vital, parte de una dualidad natural: inhalar-exhalar, lo cual, para un instrumentista de viento, se traduce como silencio y sonido, de forma alternada. Pero para vientistas tan extraordinarios como Yom, esta dualidad cesa y pasa a fundirse en una respiración circular, en donde inhalación y exhalación se funden en un solo sistema dinámico, que trasciende lo dual.

¿De dónde viene una cualidad sonora de esta naturaleza? ¿Qué ocurre en nosotros cuando escuchamos una música que parece emular lo eterno?

La respiración circular es una técnica compleja que permite almacenar y exhalar aire desde las mejillas mientras se inspira simultáneamente por la nariz, manteniendo así una columna sonora de emisión continua. Esta maravillosa posibilidad del cuerpo humano, tan finito como es, parecer reflejar, la posibilidad de contener el infinito.

En la web oficial de Yom, se lee: “…este polímata insaciable, en busca de lo absoluto, nunca pierde de vista su visión de la música, su acercamiento al alma humana y su necesidad de universalidad y espiritualidad, que en los últimos años lo ha llevado a inspirarse en la música sacra para desarrollar su propio lenguaje”.

En su música, percibimos la respiración circular de forma natural. Su técnica deja de sentirse como virtuosismo para funcionar como imagen sonora e incluso experiencia de lo absoluto. El sonido de su clarinete se despliega con un alcance de fusión con el cosmos. A su vez, en esa realidad unificada, es como si el mismo cosmos respirara de vuelta a través de sus pulmones y su clarinete.

Habitualmente percibimos la respiración como algo que nace, se extiende y luego se retrae para morir. Es una recepción que da luego paso a una devolución. La respiración circular en la música de Yom altera simbólicamente esa estructura: el final de una respiración queda oculto dentro del comienzo de la siguiente. Se revela allí que siempre han estado juntas, que hay una inseparabilidad inherente en sus existencias y que, si se da con la técnica precisa, pasa de ser un concepto filosófico a una experiencia fisiológica.

Pero más allá de lo técnico, en la música de Yom se revela una conexión expansiva que proviene de su búsqueda de lo absoluto, su necesidad de universalidad y espiritualidad.

Podría asemejarse esta noción con lo referido en el documento 32 del Libro de Urantia, el cual contiene un pasaje musical enmarcado dentro del tema del Propósito Eterno y Divino.

Majestuosamente la totalidad del mecanismo universal sigue su marcha a través del espacio al compás de la música del pensamiento infinito y el propósito eterno de la Primera Gran Fuente y Centro”.

Especialmente, el álbum titulado Cosmogonía, grabado por Yom este mismo año, parece producir en el oyente un estado de permanencia, más que la búsqueda de una linealidad o un discurso basado en el fraseo. Si bien armónicamente contiene secuencias y progresiones estructuradas (muy al estilo de Philip Glass), sus melodías y sus cualidades ambientales buscan desprenderse de cualquier limitación cerrada, y así llevar al oyente a un estado de permanencia y resonancia con lo eterno.

La continuidad sonora puede producir una transformación perceptiva: dejamos de esperar acontecimientos musicales —una melodía, un clímax, una resolución— y comenzamos simplemente a permanecer.

Tal vez la mejor manera de acercarse a Cosmogonía sea dejar por un momento de intentar comprenderla. Escuchar uno de sus pasajes largos sin hacer nada más: sin leer, sin mirar una pantalla, sin esperar que la música nos lleve necesariamente a algún lugar.

Quizás llegue un momento en que el sonido nos conduzca a adquirir una respiración propia, mientras nosotros entramos poco a poco en su continuidad. Abrirnos así a la escucha del silencio, aquél que no aparece solamente cuando la música cesa, sino que está presente todo el tiempo, alrededor de ella, sosteniéndola. Como si cada nota emergiera de un fondo mucho más amplio para regresar simultáneamente a él.

Tal vez allí la respiración circular revele algo que va más allá de una extraordinaria técnica instrumental. Quizá lo infinito no sea aquello que nunca termina, sino la experiencia en la que los finales dejan de sentirse como interrupciones, pues la música permanece como vibración donde sea que estemos.

Fuentes consultadas:
 https://www.yom.fr/home Sitio web oficial de Yom.
https://www.urantia.org/es/el-libro-urantia

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