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EL DESTIERRO DE OVIDIO SEGÚN PUSHKIN

upaninews · 9 de julio de 2026 · 4 min de lectura

EL DESTIERRO DE OVIDIO SEGÚN PUSHKIN

Quizás deudas de gratitud, o circunstancias que detonan en el alma, y para ello, nada puede evitar las sincronías, que si están es para consagrarlas en nuestra memoria y olvidar. Aleksandr Pushkin (1799-1837) es el referente más importante de la poesía rusa. En el poema epistolar, “A Ovidio”, expresa una odiosa injusticia, y se vale de la imagen del poeta romano, desterrado como causalmente lo fue Pushkin -aquel por el emperador Augusto, este por el zar Alejandro I. El poeta moscovita recuerda con pesadumbre -18 siglos después- cómo Ovidio pasó sus últimos años suplicando el perdón del César. Los dos fueron exiliados en la misma zona geográfica, a orillas del Mar Negro. Nada menos que los confines salvajes de ambos imperios.

A OVIDIO

Vivo cerca, Ovidio, de los acantilados

a donde tus dioses tutelares desterrados

trajiste dejando luego tus cenizas.

Tu llanto desolado el lugar eterniza

y el eco de tu lira aquí no tiene fin;

se te recuerda aún por todo este confín.

El horrible desierto de un poeta en prisión

dejaste vivamente en mi imaginación

y también el firmamento encapotado

y la suave brisa de prados nevados.

¡Cuántas veces sumido en la Poesía

con todo el corazón, Ovidio, te seguía!

Y tu nave azotada por la marejada

veía cerca del arrecife hostil anclada

donde al poeta espera malévolo destino.

Allá hay campos sin sombra, allá no se da el vino.

Sin alma, nacidos para sembrarla guerra

los hijos de la fría Escitia por la tierra

galopan desatando el terror y con aviesa

mirada, ocultos tras el Ister, acechan la presa.

Ellos lo pueden todo: en los mares rugientes

nadan y caminan por los hielos crujientes

y tú mismo, Nasón, revés de la fortuna,

tú que desde joven creíste inoportuna

la guerra y que con rosas tu testa coronaba

y que a placeres de virtud te convocaban

estarás obligado a usar pesado casco

y junto a tu lira la espada ver con asco.

Ni hija, ni esposa, ni tanto fiel amigo,

ni las gráciles musas que cantaban contigo

alivian la tortura del bardo desterrado.

En vano por las Gracias tu verbo es coronado,

la juventud, en vano, te sabe de memoria:

ni tristeza ni tiempo ni la misma gloria,

ni tiernas canciones conmoverán a Octavio;

tu vejez se ahogará en olvido y agravio.

Incomparable hijo de la Italia dorada,

entre los bárbaros tu voz es ignorada;

los ecos de tu patria donde estás no percibes,

caído en la desgracia, sin los tuyos, escribes:

¡Oh, devuélvanme mi ciudad, mi luz paterna!

Mis jardines de quietud plácida y eterna

¡Oh, háganle llegar a Augusto mi reclamo,

con lágrimas aparten la tendenciosa mano,

más si, iracundo dios, no atiende a mi clamor

y no veré de Roma otra vez su esplendor

en algo aliviará mi pavorosa suerte

que desde mi tumba pueda, hermosa Italia, verte!”

¿Quién va a quedarse frío, inconmovible ante

tus lágrimas y abatimiento suplicante?

¿Quién no depondrá el orgullo y ebrio de ternura

leerá tus elegías, tu última escritura

donde a la posteridad dejas tu canto?

Estoico esclavo yo, soy avaro del llanto,

más lo entiendo; proscrito por mi pensamiento

libre, harto de mí, del mundo y del momento

que me toca vivir, helada el alma, visité

la tierra donde a oscuras el tiempo se te fue,

y al revivir tus sueños nuevamente aquí

tu cántico inspirado, Ovidio, repetí

sintiendo como mías tus tristes realidades;

más la mirada traiciona al sueño con verdades,

mis ojos quedaron por tu dolor cautivos

hechos a las nevadas de mis campos nativos.

Aquí alumbra siempre un sol celestial,

aquí es breve la cruel tempestad invernal,

aquí por las orillas escitas, cual hija emigrante

del sur, crece la uva en su púrpura deslumbrante.

Ya a las praderas rusas el diciembre sombrío

cubre con blancos mantos de un insondable frío;

allá es invierno, más huele a primavera

aquí donde el sol entibia la pradera;

los campos marchitos anuncian un verdor,

en ellos ya trabaja temprano el labrador;

sopla como una brisa la tarde refrescando;

sobre el lago los hielos se van transparentando

cual pálido cristal del agua en su fluir.

Recordé, Ovidio, tu cándido vivir

ese día, marcado por la inspiración,

cuando tú, confiado, perplejo de emoción,

anduviste por las olas que el frío congeló.

Hoy por esos hielos a mí me pareció

ver tu sombra y oír el eco de tu voz

llegando desde lejos con el más triste adiós.

Consuélate:¡ el laurel de Ovidio aún florece!

¡Ay, en la multitud mi corazón fenece:

yo seré para las nuevas generaciones

un poeta anónimo y mis canciones

serán, si acaso, un triste rumor pasajero!

Pero si al pasar el tiempo viniera un heredero

a este país lejano en busca de mis restos

el agua del olvido revivirá mis gestos,

y hacia él volará mi sombra agradecida

y su memoria siempre será bendecida.

Que nunca muera la leyenda secreta:

aquí vivía, como tú, otro poeta;

un aciago destino también me acosa a mí

más la Gloria toda te pertenece a ti.

Rompiendo los silencios con mi canto profundo

a orillas del Danubio anduve vagabundo

cuando los gloriosos griegos clamaban Libertad,

y ni un solo amigo escuchó mi verdad;

más campos y prados de esta lejanía

y sus tranquilas musas siempre me protegían.

1 comentario

  • Ana

    15 de julio de 2026

    Hermoso y sentido poema de poeta a poeta que traduce el dolor y la nostalgia del destierro, el cambio de vida, harto de mi, del mundo y de este estilo de vida,,,

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