Cuando Gustav Holst bautizó a cada uno de los planetas, bajo la insignia musical que su sensibilidad, le dictó en sus momentos más creativos, no tuvo ninguna duda en atribuirle a Marte uno de sus aspectos más reconocidos: el portador de la guerra. Esta pieza, parte de la famosa suite “Los Planetas”, se ha convertido en un emblemático referente a posteriori para la música de guerra en el cine. El mismo John Williams, compositor de obras cumbres del cine como Star Wars, reconoce el impacto que Holst y Brahms entre otros, tuvieron en su proceso creativo.
Ahora bien, ¿qué relación tiene el belicismo de Marte con emociones como la ira? ¿Puede la música conducirnos a una exploración de esta emoción y una posible transformación de la misma?
Según Séneca, la ira no tiene el más mínimo atisbo de virtud, ni siquiera en la guerra, como posible motor de hazañas heroicas. Así advierte: “No es, por consiguiente, útil la ira en los combates ni en la guerra, porque es pronta para la temeridad y no saber evitar los peligros en que compromete. El verdadero valor es siempre circunspecto, se previene y avanza con reflexión”.
Sin embargo, es la experiencia humana la que nos muestra, con un horror cada vez más visible, la delgada línea que hay entre la emergencia de esta emoción y las acciones destructivas que distan de cualquier alabanza posible. Por tanto, es menester entablar el juego de la guerra interior, con el más alto discernimiento posible, en principio, con las propias emociones y las acciones que se desprenden de ellas. La imaginación puede servir como un espacio de exploración segura para comprender la naturaleza de estas emociones.
En la Imaginación Guiada con Música -un método para la exploración de la conciencia a través de la música y los estados ampliados de conciencia- la visualización espontánea de las imágenes internas es un recurso terapéutico ampliamente reconocido. Fue Carl G. Jung, el psiquiatra suizo que acuñó el concepto del inconsciente colectivo y sus arquetipos, quien desarrolló la técnica de imaginación activa como medio a través del cual podrían superarse las neurosis de personalidad.
A diferencia de la fantasía pasiva o el simple soñar despierto, en esta técnica no somos espectadores pasivos, sino que participamos activamente de los contenidos de las imágenes que van surgiendo, tomando decisiones e interactuando cara a cara con ellas, sus personajes o las emociones que emergen desde el inconsciente. Su objetivo principal es tender un puente entre la mente consciente y el inconsciente para resolver conflictos internos y avanzar en el proceso de maduración psicológica que concibió con el término de individuación.
Además, Jung reconoció en la música, su capacidad para conectar con los arquetipos del inconsciente, favoreciendo así la integración psicológica a un nivel aún más profundo que aquél en el que habitan los llamados complejos, propios del inconsciente personal. En la década de 1950, Jung invitó a su casa en Suiza a Margaret Tilly, una pianista y terapeuta musical estadounidense. Jung le pidió que hiciera una demostración en vivo con él, tratándolo como a un paciente. Tras experimentar el impacto directo de la música combinada con su propio enfoque psicológico, Jung declaró:
“Esto abre nuevas vías de investigación con las que nunca soñé. Por lo que me mostró esta mañana, no solo por lo que dije, sino por lo que sentí y experimenté, siento que, a partir de ahora, la música debe ser una parte esencial de todo el análisis”.
Tras comprender su verdadero potencial, Jung y los terapeutas post-junguianos establecieron paralelismos más claros entre la música y su teoría de la psique. Comprobaron cómo la música no solo apela a las emociones personales, sino que utiliza estructuras rítmicas y melódicas colectivas que actúan como «alquimia arquetípica», conectando directamente con las capas más profundas de la psique. También, notaron la capacidad de la música para operar de acuerdo con las funciones trascendentes.
En esta línea y desde lo más práctico, propongo tres momentos de exploración. Primero, escuchar Marte, el portador de la guerra, de Gustav Holst, dejando que su intensidad ayude a reconocer las emociones fuertes sin necesidad de explicarlas: ¿dónde se siente en el cuerpo? ¿Qué movimiento o impulso despierta? ¿Qué imágenes activas?
Después, tomar papel y lápiz con la escucha de Noche de encantamiento, de Silvestre Revueltas. Comenzar con las palabras “Me da rabia…” y continuar escribiendo sin correcciones. Al terminar, hacer una pausa y observar qué hay de valioso detrás de esa rabia: ¿intenta proteger algo?
Por último, estando cerca del Navaratri, la celebración dedicada a la Madre Divina en sus diversas manifestaciones, podríamos acercarnos a Kali con respeto por la tradición de la que proviene, y también con una pregunta humana que este recorrido pudo haber despertado: ¿qué hacemos con una fuerza que ya no puede permanecer dormida, pero que tampoco queremos que nos dirija ciegamente? A veces lo que necesitamos cortar es una conducta que repetimos, un patrón o una forma de pensamiento.
Escuchar los cantos dedicados a Kali a manera de meditación o repitiendo sus mantras, puede ser una poderosa forma de transformar las energías hacia propósitos más sutiles.
Playlist sugerida: https://open.spotify.com/playlist/5zt5ZPlgjiNqGLvuqife2h?si=78618ea99a684cc3
Fuentes consultadas:
Séneca. Tratados Filosóficos. Librería de Perlado, Páez y C. 1913
https://www.adepac.org/inicio/musica-una-posible-expansion-de-recursos-en-el-ambito-analitico-julio-cesar-nunes/





