LA UNIDAD, ETERNO PROPÓSITO – Especial N°7 ya disponible. Consigue tu copia aquí

Consciencia

Desarraigo, el olvido del hogar interior

El desarraigo como la cadena de hechos físicos y espirituales que obligan al hombre inmigrante a replantearse su habitabilidad desde el presente despertar.

Beatriz Sáez · 27 de agosto de 2026 · 4 min de lectura

Aterrizas en la ciudad donde vives, pasas por inmigración, con tu pasaporte en mano, y te dicen: “Bienvenido”. Por dentro piensas: “Esta no es mi casa, pero de dónde vengo tampoco”. No solo de un lugar, de una Tierra o una familia. Estamos desarraigados de nosotros mismos. El desarraigo contemporáneo no es solo migratorio, es espiritual. La palabra sánscrita para describir esta condición es anartha, aquello que no tiene valor, pero que a la vez le damos todo el valor. Es la acumulación de apegos miedos y falsas identificaciones que cubren al ser real.

Visión védica: desarraigo como olvido

Para el Vedanta, el desarraigo es avidya, ignorancia a lo fundamental. Olvidamos quiénes somos y nos identificamos con el yo fabricado con la historia, el cuerpo, el currículum, la nacionalidad. Creemos que somos la rama y olvidamos el árbol. Los vedas describen este mundo como samsara, el flujo constante y a la vez hablan de maya. No es que el mundo sea falso sino cómo nuestra percepción de él está velada. El desarraigo nace cuando buscamos raíces en lo que por naturaleza es impermanente.

En el Bagdadva Gita se muestra brutalmente claro, cómo perder el dharma cuando abandonas tu eje, tu centro interno. Luego, viene la confusión. El desarraigo no es que pierdas tu casa; es que pierdas tu eje. Por eso la práctica védica no nos propone volver a tu país sino volver al ser, a través de la práctica constante, y un desapego lúcido. En este sentido el desarraigo no es un castigo, es un síntoma de despertar.

En la era actual o Kali Yuga, según los Puranas, el desarraigo es colectivo y necesario: solo cuando nada afuera te sostiene. Te da habilidad o a buscar adentro

La neurociencia.  El cerebro sin hogar

Y tiene sentido, desde la neurociencia, que explica el mismo fenómeno con otro lenguaje. Cuando nos sentimos desarraigados se preactiva la red neuronal, la red del yo narrativo, “Default Mode Network” o el circuito que rumia el pasado y anticipa el futuro. Un cerebro desarraigado vive fuera del presente contando una historia de separación: “yo no pertenezco, yo no estoy seguro”. La teoría Polivagal, formulada por el neurocientífico Stephen Porges en 1994, destaca que el sentimiento de arraigo es un estado fisiológico, no una idea. Necesitamos neurocepción, frase acuñada por este científico sobre el radar de nuestro cuerpo. Y la seguridad de sentirnos vistos, escuchados en un entorno predecible.

Sin eso el cuerpo entra en ansiedad, huida o congelamiento apatía.

Y aquí el puente de las prácticas védicas y la neurociencia que son reguladoras neurobiológicas precisos, el canto de mantras, pranayamas, la meditación no son creencias son tecnologías de intercepción, devuelven al cerebro el momento presente. No te dan un nuevo hogar externo, te devuelven al cuerpo

El desarraigo hoy los nómadas sin centro

Hoy el desarraigo tiene nuevas formas, ahora somos nómadas digitales, migrantes globales identidades líquidas, Podemos trabajar desde Sydney y tener amigos en Bogotá y, sin embargo, nunca hubo tanta epidemia de soledad y ansiedad porque confundimos movilidad con libertad. La cultura actual nos arrancó de tres arraigos ancestrales:  el arraigo del territorio; vivimos en no lugares. El del ritmo; vivimos sin ciclos circadianos sin rituales, y por último, el de la comunidad; tribus reemplazadas por seguidores, amigos influencers, que jamás veremos en persona.

El resultado es un burn out espiritual. Estamos “quemados”. Y no es que no tengamos propósito es que tenemos demasiados propósitos externos en ningún centro interno.

La propuesta entonces no es volver atrás, no se trata de romantizar esta idea. Sería tratar de construir un arraigo portátil.

Si hacemos síntesis de lo védico y de lo neurocientífico apunta lo mismo.

Un lugar interno, minutos de silencio sin estímulo no para calmarte sino para recordarte que tú eres el que observa y no el ruido.

Un ritual. El cerebro necesita predictibilidad sagrada, una misma práctica a la misma hora. Respirar esto le dice a su sistema nervioso aquí hay hogar,

Tener vínculos conscientes, el arraigo no es autosuficiente necesita corregulación una relación donde puede ser, sin actuar como dicen Los Upanishad Sangha quien va en la misma dirección, esto indispensable.

Entonces podríamos concluir que el desarraigo es un maestro, nos quita todo lo que no somos, para obligarnos a preguntarnos, qué somos, cuando nada nos sostiene y la respuesta tanto en un laboratorio de neurociencia como en un Ashram es la misma: nunca estuviste desarraigado solo habías olvidado dónde mirar.

Comentarios

Todavía no hay comentarios. Sé la primera persona en escribir.

Sigue leyendo