La expresión metafórica, “Hay una luz al final del túnel”, es un aliento de esperanza, y refiere que la oscuridad no necesariamente es una condena y que tarde o temprano el principio luminoso de la existencia se presenta. No es una “sustancia”, sino una condición perceptual. La oscuridad no tiene proyección alguna ni poder expansivo. No existe algo como “la velocidad de la oscuridad” o una linterna negra.
En términos cuánticos, la oscuridad es una situación de ausencia o escasez de fotones visibles detectables. La oscuridad no es una dimensión física propia ni una identidad opuesta a la luz. Es un concepto relativo a esta.
Las estrellas pueden brillar y ser visibles desde la tierra, gracias al manto oscuro del firmamento. Los planetas giran alrededor del sol y rotan sobre su eje procurándose una noche, un lado y momento oscuro. La luz es y existe porque una fuerza la origina y la proyecta, pero la iluminación se concibe solo en referencia de la oscuridad, este es su espacio.
Pareciera un acuerdo cósmico, una alianza universal. Paradójicamente, la luz permite la sombra, es decir, oscuridad parcial. Pero la oscuridad no puede producir luz ni llevar a ella, pareciera en cambio, una situación pasiva o poéticamente, una espera. “La luz al final del túnel”, no indica que el túnel sea el camino, sino que en este caso, nos encontramos fuera del camino y hay una salida.
Esta alianza cósmica de luz y oscuridad, genera un ritmo y una constante de fluidez. Una danza divina, “Tandava”, plasmada en el arquetipo de Nataraj en la tradición hindú. Dinámica que está muy bien entendida en la tradición china, interpretada en el símbolo del Yin y el Yang, donde los dominios del lado oscuro y el lado luminoso giran armónicamente dentro de una misma esfera alternado sus posiciones, pero llevando consigo el germen contrario.
La estrella de cinco puntas, símbolo universal, no debe verse como un emblema estático, sino que, como todo en este universo, gira. Alternando en su parte superior, unas veces un vértice único, que apunta a la espiritualidad y otras veces un doble vértice superior indicando la dualidad de la materia, esta última utilizado por las sectas oscuras.
Porcentualmente, en el firmamento visible, es mucho mayor el espacio oscuro, que los focos de Luz que se han observado. Esto, muy por el contrario de ser determinante o desconsolador, es una visión del alcance disponible para la iluminación.
La alternabilidad o “turno acordado” en la regencia entre la oscuridad y la luz, pareciera alcanzar inclusive, las edades de nuestro planeta. Volviendo a la tradición hindú, védica, en el tema astrológico se habla de cuatro grandes eras o yugas, las cuales consisten en una era de oscuridad seguida de una era de transición hasta llegar a la era de Luz a la que continuara una era de decaimiento hacia la oscuridad y así sucesivamente. Teoría muy bien explicada en el texto “La ciencia sagrada” de Sri Yuteswar.
El primer acuerdo que deberíamos plantearnos sería con nosotros mismos, en base a un propósito, sin embargo, nos dejamos amarrar por el pasado y pretendemos amarrar el futuro, lo que nos deja maniatados en el presente.
El hombre, al celebrar acuerdos desde su ego, incurre sin saberlo, en el error de pactar con la oscuridad y cae en el atraso y el estancamiento espiritual. Se firman todo tipo de contratos que terminan siendo una condena. En nombre del honor, se llega al Juramento.
Todo acuerdo que el hombre pretenda celebrar, al estar involucradas dos partes en un mismo y único objetivo final, la felicidad, debe estar alineado con el principio de correspondencia que rige todo el universo. El camino y la meta deben ser coherentes.
La traición surge del rompimiento unilateral de una alianza, que puede ser de topo tipo. Consigo mismo, con otro, con la familia, con un grupo, la patria etcétera.
En el libro El príncipe (1532), Maquiavelo revela las estrategias del gobernante en función de lo que en realidad es, (la oscuridad en que vive), y no en el ideal que debería ser (la Luz). En el capítulo XVIII sostiene una tesis clara y polémica: “Un príncipe prudente no debe observar la fe jurada cuando semejante observancia vaya en contra de sus intereses y cuando hayan desaparecido las razones que le hicieron prometer”.
La oscuridad puede ser una transición, el único pacto posible con la oscuridad, es el merecimiento de la Luz.
Fuentes consultadas:
-Lao-Tse. Tao Te Ching. Ediciones Orbis. S.A. Madrid 1977
-Maquiavelo, Nicolás. El Príncipe. Biblioteca Mundial Sopena. Buenos Aires 1946





