Con el transcurso de cada día y al paso de cada avance científico y tecnológico, nos adentramos más de manera voluntaria y no, en el avance de la Cuarta Revolución Industrial. Por ello, hace bien traer a la memoria el pensamiento de un industrial, filósofo y filántropo galés, cuyos conceptos sobre la dirección de las dinámicas económicas, decisiones geopolíticas y su impacto en el desarrollo del individuo influenciaron la primera Revolución Industrial (1760-1840) contraponiéndose con los quereres de muchos de sus contemporáneos.
Conocido por su frase “Mejorar el entorno mejora al hombre” Robert Owen (1771-1858) fue un defensor de la igualdad entre seres humanos quien buscó que la unión y la cooperación de todos resultara en el beneficio de cada individuo. Sus ideas y experimentos sociales buscaban en la naturaleza y principios de la revolución misma -pasar de una economía agraria y artesanal a la fabricación mecánica y el uso de textiles- que los beneficios, que traían consigo las máquinas y los primeros procesos automatizados, trajeran como resultado mejor educación, como el eje pilar de todo.
Así mismo, cooperación, entendimiento, y una distribución regulada de las horas del día para que cada persona tuviese tiempo para trabajar, descansar, educarse y esparcirse. Para Owen, la industrialización debía ayudar a que la sociedad fuera más productiva, y el individuo se liberara de toda forma de esclavitud (incluyendo la ignorancia) para así desarrollarse hasta alcanzar un estado de felicidad continúa.
Hoy, la llamada Era de la Inteligencia se define por buscar fusionar los mundos físicos, digital y biológico a través del uso de la IA, la robótica y el internet de las cosas. En un reporte del 2025, el Foro Económico Mundial advierte que “el avance tecnocrático, entendido como un modelo de gestión y progreso en el que las decisiones políticas, económicas y sociales se toman con base en el conocimiento técnico, los datos masivos (Big Data) y la eficiencia científica, en lugar de basarse en ideologías políticas o debates democráticos tradicionales. Cuando este enfoque se cruza con el desarrollo, transforma profundamente la economía, la gobernanza y la vida cotidiana.” Y continúa… “… [es necesario] poner el foco en crear instituciones centradas en las personas. Los avances tecnológicos por sí solos no pueden fomentar el progreso humano. Como lo demostraron los laureados con el Nobel de Economía del 2024 —Daron Acemoglu, Simon Johnson y James Robinson— las sociedades con un mal estado de derecho e instituciones explotadoras no logran generar un crecimiento sostenible ni un cambio positivo. Solo las instituciones inclusivas pueden promover el crecimiento económico y el desarrollo humano en todas sus dimensiones…”.
La tecnología y la ciencia son como la energía misma: neutros. Sin embargo, su aplicación cotidiana dista de ello. Y mientras el crecimiento del Ser se fundamenta en una íntima interacción entre individuo y cosmos, haciendo que el crecimiento sea paulatino, progresivo y forjado en el amor, esfuerzo y tiempo que cada individuo se puede dedicar a sí mismo, en contracorriente, la sociedad tecnócrata produce un gasto energético a través de un consumo material y virtual cada vez más voraz, que genera presiones, explota los temores y distrae al individuo de su propósito interno.
Todo autoconocimiento requiere valor, paciencia, esfuerzo y tiempo. Una sociedad es un conjunto de individuos. Si queremos una sociedad sana, hay que procurar un entorno adecuado para el desarrollo individual. Tal como lo sostuvo Owen y muchos antes que él.
De 1990 a la fecha el incremento de consumo de datos ha tenido un crecimiento del 4.000,000%. Si bien es cierto que la ciencia y la tecnología han aportado notables cambios, la tendencia hacia una mayor digitalización y acceso a los sistemas digitales a nivel global, conllevan una implicación material, de consumo energético y de impacto en el campo electromagnético tanto individual como en el de la tierra sin precedentes. Ante lo cual, el Ser pide salir del ruido blanco que lo envuelve para producirse a sí mismo un mayor silencio.
Y así, mientras nos perdemos más y más en un laberinto de información vs. Desinformación, descubrimientos reales vs realidades virtuales; aprendizaje vs entretenimiento banal, no podemos dejar de reflexionar si el Socialismo Utópico de Owen debe su capacidad de inalcanzable a los intereses de una minoría beneficiada, o a que ningún cambio social profundo es posible sin la voluntad individual por cambiarse a sí mismo.
Fuentes:
https://saludocupacional.corrientes.gob.ar/noticia/como-el-estres-afecta-a-nuestro-cuerpo
https://www.bienestarcolsanitas.com/estres-cronico-y-cortisol
https://www.psicologosmadrid-ipsia.com/adiccion-la-adrenalina/





